La obsesión por las siglas: el SEO ahora tiene mil nombres (pero sigue siendo lo mismo)

Mujer mirando las diferentes variaciones del SEO

Hace unos días vi en LinkedIn que en la SEO Week de Nueva York un speaker lanzaba un nuevo término al mundo: HEO (Hybrid Engine Optimization), una mixtura entre IA y SEO que, lejos de sorprender, a muchos nos arrancó una carcajada.

En la foto que subió Fonthip Ward, el concepto aparece definido como gestionar la visibilidad en búsqueda e IA como un sistema medible y unificado, sin sacrificar ninguno de los dos. Una definición impecable, por cierto. También conocida, para el resto de nosotros, como hacer buen SEO.

Y es que en los círculos de quienes trabajamos esta disciplina existe un chiste que se renueva solo: todos los años, sin falta, alguien mata al SEO. Ya sea un gurú del marketing que declara su obsolescencia, o la aparición de alguna sigla nueva que promete revolucionar todo lo que ya hacíamos.

En lo que va de 2025 y 2026 he escuchado estas: AEO, GEO, AIO, LLMO.

Answer Engine Optimization, Generative Engine Optimization, AI Optimization, Large Language Model Optimization… y las que vendrán. La pregunta real no es qué significan, sino si estamos hablando de disciplinas nuevas o solo de nombres nuevos para algo que ya existía.

El de los mil nombres

Para mí, hacer SEO es un reto mucho más complejo de explicar y justificar que de ejecutar. El marketing en general es una de esas profesiones donde todo el mundo dice que sabe, pero pocos entienden de verdad. El SEO va un nivel más allá: la pregunta “¿pero en qué consiste exactamente lo que haces?” sigue siendo difícil de responder sin perder a la mitad de la sala.

Y cuando aparecen términos nuevos, el panorama se complica todavía más para quienes trabajamos en esto.

Esta misma semana un colega posteaba que había quedado fuera de una licitación porque no había explicitado que haría GEO. Su comentario era simple: él iba a hacer exactamente lo que pedían, solo que lo llamaba SEO. 

Y ahí está el problema. El mercado adoptó los términos antes que el entendimiento de los mismos. Suena espectacular decir que hacemos GEO, AEO y LLMO, pero ¿somos realmente conscientes de que todo eso implica, antes que cualquier otra cosa, una buena estrategia de SEO?

El dilema de vender lo que ya haces con otro nombre

En Cebra, este año fuimos reconocidas entre las top 10 agencias GEO de Chile. Y eso nos da alegría, claro. Pero también nos plantea una pregunta incómoda: ¿deberíamos salir a vender un servicio de GEO?

Estratégicamente, más de uno diría que obvio que sí: suma palabras clave, posiciona la marca, es lo que el mercado está comprando. Y entiendo esa lógica. Pero sinceramente creo que presentarlo como un servicio separado, cuando en realidad es hacer SEO pensando en los usuarios, sería posiblemente un error.

Sí, hemos profundizado en entender qué tipos de contenido los LLMs tienden a citar y recomendar. Sí, le damos más peso a responder con precisión las preguntas de los usuarios. Sí, el EEAT importa más que nunca, los FAQs son indispensables, y la intención de búsqueda sigue siendo el norte. Pero nada de eso es una disciplina nueva: es SEO bien hecho, aplicado al contexto actual.

Cuando cambiar el nombre no cambia la estrategia

Optimizar para motores de búsqueda, para asistentes o para inteligencia artificial no son disciplinas distintas. Lo que cambia es la interfaz. No la lógica.

Antes:

  • buscábamos en Google
  • hacíamos clic
  • navegábamos sitios

Hoy:

  • hacemos la misma pregunta en una IA
  • esperamos una respuesta directa
  • muchas veces sin salir de la plataforma

Pero la base sigue siendo la misma:

  • entender la intención de búsqueda
  • responder mejor que el resto
  • estructurar contenido claro
  • construir autoridad
  • ser una fuente confiable

¿Y entonces?

No sé si el próximo año van a aparecer tres siglas más o diez. Probablemente las dos cosas. El SEO seguirá muriendo puntualmente en algún panel, y seguirá funcionando calladamente en los sitios que lo hacen bien.

Lo que sí sé es que el día que empecemos a vender siglas en lugar de estrategia, habremos perdido exactamente aquello que diferencia a quien entiende el trabajo de quien solo habla de él. Y eso, curiosamente, tampoco es nuevo.